Problemas de las fórmulas de lecturabilidad

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Las fórmulas de lecturabilidad no son perfectas. No te puedes fiar al cien por ciento del resultado de aplicarlas al texto.

Solo miden el grado de dificultad del texto, que es, por tanto, lo único que mide esta herramienta. No sirve para averiguar si el estilo es bueno o malo; para eso hay otras aplicaciones como Estilector. No analiza aspectos no lingüísticos que afectan a la legibilidad como la tipografía, el sangrado, el interlineado (lingote), color de fondo y demás. Otros recursos especializados te servirán [1].

Las fórmulas suponen que las palabras cortas son más fáciles que las largas. Esto no siempre es cierto (p.ej.: «alabanza» y «loor» son sinónimos, pero se entiende mejor la primera, la más larga y frecuente de las dos. No obstante, las palabras más frecuentes del idioma, las que mas usamos, suelen ser cortas [2]. Se pueden escribir palabras y frases cortas al tuntún y obtener un resultado muy fácil, cuando no hay quien lo entienda. Además, los textos repletos de palabras, frases y párrafos cortos son monótonos y aburren al lector.

Las fórmulas de lecturabilidad no miden el contexto, el interés del lector en el tema ni el conocimiento previo del mismo. Estos factores influyen en la capacidad del lector para entender el texto. Adapta el texto a la circunstancia de los lectores, no lo cambies solo para obtener un mejor resultado de aplicar las fórmulas.

El uso de distintas fórmulas de legibilidad en un mismo texto, puede dar resultados algo dispares. Es lo normal porque son imprecisas.

Esta herramienta solo es una ayuda, no una verdad absoluta. No hay fórmulas mágicas para escribir bien, pero los manuales de estilo te ayudan.

Al final eres tú quien debe valorar si el lector de tu texto lo entenderá.

Referencias

[1]García Muñoz, Óscar. 2012. Lectura fácil. Métodos de redacción y evaluación (pdf).
[2]Corpus de Referencia del Español Actual (CREA); Listado de frecuencias. Lista total de frecuencias. 1 de octubre de 2017.